SANTÍSIMO CRISTO DE LA CONVERSIÓN

Desde el Martes Santo de 2009 procesiona también el Santísimo Cristo de la Conversión, obra del afamado y reconocido imaginero cordobés Antonio Bernal Redondo. Bernal talló un Cristo crucificado vivo de tamaño menor al natural, de unos 80 centímetros aproximadamente. Para conocer el significado de la inclusión de esta imagen en el cortejo hay que remontarse a los orígenes de la corporación
cisterciense, cuando una pequeña talla venerada en Iglesia de San Pablo fue cedida en 1976 para la realización de un Vía Crucis, este era el denominado Cristo de Ánimas, que aún se encuentra en la céntrica iglesia fernandina. En aquel momento la imagen fue denominada por los jóvenes cofrades como «Cristo de la Conversión», y desde entonces esta advocación aparece ligada a la cofradía.

NUESTRO PADRE JESÚS DE LA SANGRE EN EL DESPRECIO DEL PUEBLO

La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el Desprecio del Pueblo es obra del carmonense Antonio Eslava Rubio, finalizada en 1978. Se trata de su última obra, ya que fallecería al poco de concluirla. Pese a ser una imagen de vestir, está tallada por completo. De pie, maniatado, se caracteriza por su gran expresividad. Gira levemente la cabeza a la derecha, a la vez que la agacha, en actitud
sumisa ante la respuesta del gentío. La sangre resalta enormemente en su moreno rostro, resbalando de manera uniforme por su frente. Un rostro de rasgos muy marcados, caso de los enrojecidos pómulos o el entrecejo fruncido. Sus cabellos son ondulados y su barba poblada, que envuelve y enmarca sus labios entreabiertos. Procesiona vestido con una túnica morada con bordados en oro fino, sin embargo, algunos años lo ha hecho con una blanca lisa.

NUESTRA SEÑORA REINA DE LOS ÁNGELES EN SUS MISTERIOS GOZOSOS

La Virgen de “Gloria” es obra de Antonio Eslava y fue adquirida por la Hermandad en 1976. En su origen fue concebida por su autor como Virgen de Gloria, pero tras la venta del Niño Jesús que la acompañaba a un anticuario de Jerez de la Frontera, sufrió algunas transformaciones, convirtiéndola, su propio autor, en Dolorosa. De esta manera fue adquirida, por la mediación de Fray Ricardo de Córdoba, por el grupo de muchachos que originaron la actual Cofradía, procediéndose a su bendición el día de la Inmaculada de 1976, el mismo día en el que con una Función Solemne se realizó la Fundación de la nueva Hermandad en el Monasterio del Cister. Sin embargo, la talla de la Reina de los Ángeles parecía acusar una excesiva rectitud de cara a la composición del Paso de Palio, por lo cual, al encargar una nueva imagen de la Virgen y para no olvidar la talla fundacional, es adaptada de nuevo a sus características de gloria originales, trabajos encomendados a D. Rafael Barbero Medina, ya que Antonio Eslava había fallecido, el cual volvería a darle su aspecto primitivo, quitándole las lágrimas de su rostro y tallándole otro Niño Jesús. La Imagen fue presentada nuevamente como Virgen de “Gloria” el día 8 de diciembre de 1980.

NUESTRA SEÑORA REINA DE LOS ÁNGELES EN SUS MISTERIOS DOLOROSOS Y SAN JUAN EVANGELISTA

La Virgen Dolorosa fue realizada en 1980 por Luis Álvarez Duarte y se bendijo el 8 de diciembre del mismo año. Muestra estructura de candelero y es de gran belleza. Con la imagen de San Juan Evangelista la Hermandad añade a la advocación de Reina de los Ángeles un nuevo tema iconográfico: el momento de su aceptación como Madre de los Hombres, representado en el discípulo amado de Jesús,
San Juan Evangelista, obra también de Luis Álvarez Duarte (1980) bendecido junto con la imagen de la Dolorosa. Talla totalmente anatomizada, el apóstol es efigiado como un hombre joven, realzándose su expresión por la talla del pelo y la policromía que ofrece. Pero lo más significativo es su actitud hacia la Virgen: situado, como es habitual a su izquierda, se encuentra, en cambio, muy girado hacia Ella, volcando todo su empeño en consolarla. Dicha perspectiva se ve reforzada por otros elementos expresivos, tales como, su mirada a la Virgen, su delicado gesto al casi sostenerle la mano izquierda y, sobre todo, la posición de su brazo derecho, que pasa sobre los hombros de María, en una actitud de espontánea ternura.